COLEGIO DE MEDIACIÓN PROFESIONAL

ASPECTOS PSICOLOGICOS DEL PERDÓN

Por Tomas Larrieux Cruz

De todos los daños que sufre el ser humano el daño mayor no es la muerte, el daño mayor es un pensamiento inapropiado. Con un pensamiento inapropiado tú inicia la angustia, la preocupación, el malestar físico, los trastornos del pensamiento, las enfermedades mentales, el odio, el rencor, la ira, la acción destructiva y hasta la muerte. Los pensamientos inapropiados son pensamientos perturbadores de tipo intrusivos que permanecen en nuestra mente por períodos  largos aún  cuando la persona luche o trate de huir de ellos. Este pensamiento trata de gobernar tu mente, cuerpo, la forma de actuar y reaccionar. Todos, de una manera u otra, hemos sido engañados por los pensamientos inapropiados, bien sea en lo que pensamos, imaginamos, o verbalizamos hacia otro o hacia uno mismo, o por impulsos voluntarios e involuntarios. El  impulso puede ser un pensamiento espontáneo e inoportuno de violencia, premeditación y ataques físicos y verbales sin que medie razón alguna.

El Padre Celestial nos ha dado el dominio propio y la templanza como herramientas para lidiar no solo con dichos pensamientos, sino con pensamientos constructivos. La templanza junto con el perdón son la clave para adquirir el dominio propio. El padre Celestial conoce todos los pensamientos hasta aquellos inapropiados. Dios no se sorprende por los pensamientos inapropiados. Él conoce todo los pensamientos, deliberados o inapropiados (salmo 139.2).  También el pensamiento vanidoso de la mente humana (salmo 94:11). Él deja que tú con el dominio propio puedas controlar dichos pensamientos. Existen pensamientos inapropiados donde el maligno se encuentra como león rugiente esperando que el hombre blasfeme y actúe físicamente contra sí o contra otro, pero solo el hombre con su templanza y dominio propio puede evitar que el maligno controle el pensamiento.

El Padre Celestial no se sorprende por el pensamiento inapropiado ya que, como ya afirmamos, Él conoce los pensamientos del hombre. Él  le pide al hombre que evite los pensamientos inapropiados de índole maligno, molesto y blasfemo. Él perdona toda acción pecaminosa, excepto aquella acción contra el Espíritu Santo. Los pensamientos inapropiados pueden ser una reacción de tipo maligno cuyo significado es descarriarte de tu verdadera esencia.

Tu esencia es el orden natural de la luz, mientras que el desorden es el orden tenebroso de las tinieblas. A veces los pensamientos inapropiados pueden ser un llamado de tu ser para que modifiques tu forma de pensar. La química de tu alma junto a tu cuerpo puede estar obrando para que uno se dé cuenta qué es lo mejor en la vida.

El pensamiento inapropiado puede catalogarse como síntoma de una condición de salud mental. Si éste te debilita o te incapacita, busca ayuda. La ayuda puede ser de profesionales en el campo de la salud mental y/o en el campo teológico. El Padre Celestial siempre está dispuesto a perdonar. Hay que dejar el camino tenebroso y los pensamientos inicuos; concentrarse únicamente en la esencia de tu vida, no en tus problemas, sino en la forma de cómo resolverlos. Por otro lado, el Padre Celestial está consciente de las diferencias de un pensamiento pasajero o uno perverso.

Todo pensamiento inapropiado o blasfemo es pecado, y más  si lo ejecuta o le da vida tanto de pensamiento como de acción. El pecado es una acción que va en contra de la voluntad de Dios. La mente es débil cuando no cultiva la templanza y se deja influenciar fácilmente por el mundo circundante. Sin embargo, aquel pensamiento que la persona lo lleve a la acción de forma destructiva, contra sí o contra otro se convierte en pecado. Un pensamiento es un pecado cuando lo llevamos a la acción de forma deliberada para hacerse daño o dañar a otro. De no haber acción no hay pecado, sino un pensamiento que se debe evaluar con la templanza y el dominio propio para determinar si el mismo es un pensamiento objetivo o uno inapropiado. Los pensamientos que son positivos conducen a la persona a llevar a cabo acciones de tipo constructivo hacia sí y hacia otros. Los inapropiados o negativos son destructivos hacia otros y hacia ti.

Para dominar el pensamiento la persona tiene que escudriñar toda imagen y sonido que éste mundo nos presenta. El cerebro no tiene un filtro para determinar si la imagen o el sonido es constructivo o destructivo.  La mente en el cerebro absorbe la imagen o el sonido y le toca al pensamiento escudriñar, mediante la templanza y el dominio propio, dicha imagen o sonido.

En cuanto al cerebro, éste es  responsable de funciones mentales superiores como pensar, aprender y memorizar. La corteza del cerebro tiene áreas de asociación que permiten percibir ideas y objetos de una manera significativa y tiene centros que te ayudan a controlar impulsos y manejar tu enojo. El cerebro también se encarga de la organización, planificación y procesamiento del lenguaje. La corteza también tiene la tarea de interpretar y procesar la información obtenida de los cinco sentidos. Para que el cerebro esté trabajando a su potencial máximo se requiere una mente saludable y libre de influencias externa.

La mente es fácilmente influenciada por lo que aprendemos, las costumbres, los cambios, la historia y el entorno en que nos desarrollamos. De esa misma manera la mente Influencia en todo lo que pensamos y hacemos. Los pensamientos surgen de la mente como impulsos creativos. Una vez se escudriña la imagen o el sonido con el pensamiento, el próximo paso es aceptar en el pensamiento dicha imagen o sonido y formular un juicio objetivo sobre dicha imagen o sonido cónsono con el presente. El pensamiento va a querer formular un juicio subjetivo según lo que la mente tiene almacenado en los recuerdos pasados. Los recuerdos no es otra cosa que la memoria. La función de la memoria es almacenar información a corto, a mediano y a largo plazo. Para éstos, utiliza un subsistema del cerebro, que envuelve el hipocampo, los lóbulos temporales y el sistema límbico. Este último se encarga de las emociones, los instintos y la memoria.

La memoria sensorial, la  inmediata y la remota se pueden afectar por la falta de sueño, problemas de la tiroides, drogas recetadas y no recetadas, estrés, ansiedad, depresión y pobre alimentación.  Para fortalecer la memoria se debe tener una buena alimentación, hacer ejercicio y  cultivar la relajación.

La memoria inmediata y remota se divide en memoria operativa, sea explícita  e implícita. Dentro de la memoria explícita  se encuentra la episódica y la semántica. La episódica contiene declaraciones sobre información de la experiencia pasada vivida. Contiene información sobre eventos personales ocurridos en un lugar y tiempo determinado. Esta memoria es la que nos hace recordar toda injuria y daño que nos han causado. La memoria implícita es una de procedimiento donde las habilidades motoras y ejecutivas son accionadas de forma inconsciente. Con esta memoria reaccionamos físicamente a alguna injuria y daño. El acceso a estos recuerdos se realiza sin la necesidad de un control consciente. Tanto la templanza como el dominio propio son cualidades de aprendizaje necesarios  para el control de la memoria explícita e implícita en asuntos de perdón hacia uno mismo o hacia los demás.

Con la Memoria semántica se obtiene conocimiento sobre datos, hechos y sucesos distintos a nuestra propia experiencia. También da significado a todo lo que vemos y escuchamos en nuestro entorno. Con esta memoria evaluamos    lo que la sociedad nos exige en cuanto a normas y reglas que deben llevarse a cabo en situaciones de  injurias o daños.  Igualmente evaluamos si debemos o no perdonar alguna acción. Inclusive nos provee para olvidar acontecimientos agradables y desagradables. 

La memoria sensorial se encarga de guardar data adquirida mediante los sentidos.  En dicha memoria la data es analizada, organizada e interpretada. Un dato interesante es que cada sentido guarda su particularidad en la memoria a corto plazo para luego guardarla en la memoria a largo plazo.  La memoria sensorial en ocasiones puede crear los pensamientos inapropiados, ya que nuestra mente es débil y fácilmente influenciada por nuestro entorno. Si uno se expone a violencia, odio, rencor, avaricia, o sea: cosas mundanas, éstos invadirán el pensamiento y como tal se reacciona a lo que los sentidos han grabado. Si nos exponemos  a la blasfemia, violencia y maldades de forma intencional atacando a uno de la deidad suprema o al prójimo, esto se convierte en una acción pecaminosa y requiere la búsqueda del perdón. Pero si nos llenamos con lo bueno, lo que es honroso, verdadero y puro, el Padre Celestial junto con la Trinidad nos bendecirá perdonando cualquier acción cometida. La memoria sensorial guarda data de acontecimientos agradables y desagradables.  Esta promesa se encuentra en salmos 1, que dice,

               “1Bienaventurado el varón que no anduvo en        consejo de malos, Ni estuvo en camino de       pecadores, Ni en silla de escarnecedores se          ha           sentado; Sino que en la ley de Jehová        está su delicia, Y en su ley medita de día y     de noche. Será como árbol plantado junto          a corrientes de aguas, Que da su fruto en       su       tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que           hace, prosperará. No así los malos, Que son        como el tamo que arrebata el viento. Por      tanto, no se levantarán los malos en el           juicio, Ni los pecadores en la congregación de los justos. Porque Jehová conoce el camino de los justos; Mas la senda de los    malos perecerá.”

En el proceso del perdón hay que reconocer la función del Espíritu Santo en cuanto al  discernimiento se refiere. Ya que el Padre Celestial escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento del pensamiento. Dicho Espíritu se encuentra entrelazado entre el corazón y la mente, en cuanto al pensamiento se refiere. Si lo buscas durante el proceso del perdón, lo hallas; sin embargo, si lo dejas, tú mismo lo desechas y él te desechará hasta que te arrepientas, te perdones y perdones por haberlo desechado. El perdón debe ser aplicado de forma voluntaria con ánimo de extinguir la injuria y/o daño y con un corazón perfecto libre de dudas y ambigüedades. 

Los pensamientos e inclinaciones blasfemas, dañinas, anormales e inapropiadas son parte de la guerra espiritual, y necesitamos la ayuda de Dios para luchar contra ellos. Por qué Dios? “porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y     las intenciones del corazón”. Según hebreo 4:12, el Padre Celestial nos ha dado las herramientas para combatir los pensamientos inapropiados. Él puede determinar si hay algo perjudicial en nosotros que debe ser tratado y nos anima a someter nuestros corazones y pensamientos a ÉL por medio del  Hijo.

El perdón no está exento de la intervención del Padre Celestial. Más aun, utilizó  a su Hijo para que el hombre recibiera la mente de Jesucristo y con ésta poder controlar el pensamiento y los actos. Existen pensamientos inapropiados  que son espontáneos. Y para estos 2 Corintios 10:3-5 explica qué “aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo". En fin, todo pensamiento inapropiado con tendencias dañinas y anormales es parte esencial de la guerra espiritual que combatimos cada día.

Podemos disminuir considerablemente, o incluso derrotar los pensamientos inapropiados, solamente, si se comienza a utilizar una mente Cristo céntrica. La mente Cristo céntrica gira y reflexiona en los postulados de la persona y obra de Jesucristo. Cómo logramos esa mente, bien como expliqué  previamente, con la memoria sensorial.  Es pues necesario el que se haga un cambio de carácter. La mente a corto y largo plazo se encarga de guardar data. Dicha data contiene los pensamientos necesarios, los inútiles, los destructivos y los constructivos. Éste se logra cuando con la templanza, lo cual es hacer las cosas con sobriedad y moderación, buscamos a partir de la razón moderación de los deseos y de la atracción que ejercen los placeres mundanos. La mente Cristo céntrica no obvia la realidad de la naturaleza humana sino que la cumple. Con la templanza desarrollamos la moral. Y con esta controlamos nuestros sentidos. Con esta acción uno de los dones espirituales conocido como el dominio propio entra en acción. Este don espiritual está para controlar las emociones, contrario de lo que ocurre con una injuria que las emociones y sentimientos nos controlan a nosotros. Y se reacciona a la emoción y sentimiento y no a la injuria. El dominio propio nos da la oportunidad de elegir qué se quiere sentir en  cada momento de la vida. Pablo, uno de los perseguidores de Jesucristo, quien fue llamado a predicar las bondades del Padre Celestial mediante Jesucristo, en su carta a los colosenses 1: 12-23  les escribe:

               “12 con gozo dando gracias al Padre que nos         hizo aptos para participar de la herencia de      los santos en luz; 13 el cual nos ha librado de           la potestad de las tinieblas, y trasladado al   reino de su amado Hijo, 14 en quien tenemos        redención por su sangre, el perdón de        pecados. 15 El es la imagen del Dios         invisible,      el primogénito de toda creación.           16 Porque en él fueron creadas todas las      cosas, las que hay en los cielos y las que      hay en la tierra, visibles e invisibles; sean     tronos, sean dominios, sean principados,      sean potestades; todo fue creado por           medio de él y para él. 17 Y él es antes de      todas las cosas, y todas las cosas en él   subsisten; 18 y él es la cabeza del cuerpo      que es la iglesia, él que es el principio, el      primogénito de entre los muertos, para que         en todo tenga la preeminencia; 19 por     cuanto agradó al Padre que en él habitase       toda plenitud, 20 y por medio de él,    reconciliar consigo todas las cosas, así las     que están en la tierra como las que están en         los cielos, haciendo la paz mediante la    sangre de su cruz. 21 Y a vosotros también,      que erais en otro tiempo extraños y   enemigos en vuestra mente, haciendo   malas obras, ahora os ha reconciliado, 22 en           su           cuerpo de carne, por medio de la muerte,   para presentaros santos y sin mancha e         irreprensibles delante de él; 23 si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin         moveros de la esperanza del evangelio que    habéis oído, el cual se predica en toda la     creación que está debajo del cielo del cual yo        Pablo fui hecho ministro.”  

El Hijo del Padre celestial conoce el pensamiento, al igual que todo lo que necesita para controlarlo. El sentimiento que se siente cuando alguien comete una injuria es solo una reacción física a un pensamiento. Y la reacción emocional es solo el aprendizaje que una persona aprendió durante su desarrollo. El fuego de la vida se encuentra en la sangre. El cuerpo de uno es lo que come y el espíritu del hombre es lo que él piensa. El fuego de la vida es el Santísimo. Con la fe, el perdón y por el amor que tiene la persona hasta el cuerpo y el espíritu del hombre pueden ser cubiertos de un sentido eterno.

El hombre con Dios puede ser eterno en cuerpo y espíritu, sin embargo, el hombre sin Dios se torna maléfico en cuerpo y alma. Nuestro destino nace de una vida interior bien alimentada espiritualmente, del amor que le tenemos a Dios y del perdón que ofrecemos al prójimo. Jesucristo en el evangelio de la paz dice que “vuestro espíritu se convierte en lo que son vuestros pensamientos… vuestro cuerpo lo que comáis y vuestro espíritu en lo que pensáis”. No debemos olvidar que el fuego de la vida está en la sangre. Es por eso que Jesucristo dice que el pan es su cuerpo y el vino es la sangre. El hombre por el simple hecho de vivir, existir y pertenecer, ya busca en si la razón de ser. En  palabras del analista decisional César  Ramírez “es descubrir en sí mismo las facultades idóneas que lo hacen apto y capaz para hacer lo que entiende que debe hacer”.

Somos personas con la capacidad de análisis y evaluación para llegar a la solución de cualquier disputa, independientemente de la complejidad de la situación. Por el simple hecho de ser personas que pensamos, razonamos, argumentamos, ya nos hace discernir del otro. Las opiniones no serán iguales, la capacidad de pensar será diferente, los criterios se tornarán distintos, como también la manera de llevarlo a cabo. El perdonar requiere individualidad.

En fin, la injuria o daño sin el perdón para quien la siente, es un saco que influye en el estado mental y físico de quien lo carga. Su estado anímico hacia todo es de  culpa tanto hacia sí, como hacia otro. Sus reacciones  físicas son de irritación, molestia, coraje  y hostilidad. Su dignidad es lacerada y por consiguiente su estima está afectada. El ofendido siente que su honor ha sido empañado y en ocasiones recurre a las autoridades del estado.

Los estados han creado múltiples leyes para atacar injurias y daños.  Entre las que se encuentra el crimen hacia otro o hacia sí, delito contra la pareja, violencia doméstica, abuso de menores y delitos contra la dignidad y el honor. La persona ofendida puede radicar cargos contra cualquier persona que le haya causado daño físico o mental ante las autoridades pertinentes. Los procedimientos judiciales sirven para evitar que el ofensor continúe ofendiendo.  Mientras que el perdón sirve para dejar el saco con sus implicaciones causadas por la ofensa al ofendido. El perdón es un proceso transformador que ayuda al ofendido a unirse a la Creación cuyo beneficio es adquirir paz, tranquilidad y control sobre sus actos.

Los procedimientos judiciales están para hacer cumplir los mandamientos de Dios por medio de leyes que crea el estado. El daño y la injuria necesitan ser castigados por las leyes del estado. Así que las leyes se crean para  que el ofensor sea castigado por la ofensa que causa al estado. Es por eso que ningún daño hacia la persona es castigado porque el daño es hacia el estado, no hacia la persona. La persona se convierte en testigo del estado. Existen mecanismos alternos para lidiar con el daño hacia la persona, entre los que se encuentra la mediación victima-ofensor, la justicia restaurativa y la negociación. Estos procedimientos, mediante el diálogo, buscan  la motivación, la restitución, el resarcimiento y la restauración.  Una vez se lleva a cabo el procedimiento, la víctima puede decidir si quiere o no perdonar al ofensor.  Este perdón no exime al ofensor de su responsabilidad hacia el estado.