COLEGIO DE MEDIACIÓN PROFESIONAL

El perdón es la economía del corazón, el perdón ahorra el gasto de la ira, el costo del odio, el derroche de los espíritus.

Hannah More

CONCECUENCIA DE NO PERDONAR

Por Tomas Larrieux Cruz

Se ha preguntado qué sería del hombre sin el perdón. Este viviría en tinieblas. Sin luz que lo alumbrase, sin ojos para ver. Sin prójimo para socializar. El perdonar te lleva a tener una reconciliación con Dios y contigo. El Padre Celestial sacrificó a su Hijo para reconciliar al mundo de la maldición que hizo hacia la tierra. Antes de este sacrificio la relación del hombre con su prójimo y con Dios era horrible. La humanidad era esclavo de sus reyes y rehén de sus dirigentes.

Con la reconciliación mediante el perdón la amistad hacia Dios y hacia su hijo fue restablecida. Su Hijo en el momento más traumático de la historia solicita al Padre el perdón para la humanidad porque éstos no sabían lo que hacían. En fin, Si no se perdona continuamos  en esa ignorancia y se vive en ese tiempo pasado. Llevando cargas que no nos corresponden y viviendo una vida de esclavitud de pensamiento, una conciencia esclava. Conciencia que desestabiliza el cuerpo y la mente llevándonos hacia esa primera oscuridad, las tinieblas. Con el perdón abrimos los ojos en la luz y con la carga  vivimos en las tinieblas del pensamiento.

La amistad con el Padre por el sacrificio del Hijo es lo que mantiene a este mundo vivo. Su hijo con el perdón hace que la benevolencia del Padre con su misericordia haya convertido al hombre en una extensión como hijo del Altísimo. Si el hombre no es culpable de la muerte de Jesucristo, entonces la reconciliación del hombre con el Padre Celestial se logra cuando se acepta al Hijo como camino que conduce a la justificación.

El hombre es justificado cuando reemplaza la ira, el miedo y la culpa por  justicia mediante la misericordia y el perdón. Estos dos actos nos permiten compartir la buena nueva de la benevolencia del Padre Creador mediante el Hijo con los demás. Éste  se convierte en embajador del Padre Celestial en una tierra que fue maldecida desde la desobediencia del hombre. Un guerrero de paz que en lo más profundo de su corazón armoniza con el Hijo para evangelizar con sus actos la buena nueva del perdón y la misericordia. Este acto ayuda al hombre a crecer espiritualmente y a llenar su corazón con fe, esperanza y amor. Creando una dinámica de comunicación con el Padre Celestial.

La dinámica del perdón requiere de que tú tenga dominio propio. Éste  proviene del espíritu, corazón y pensamiento. Las escrituras en Proverbios 16:32 lee que “Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte. Y el que se enseñorea  de su espíritu, que el que toma una ciudad”. El dominio propio es necesario para alcanzar las metas. Con éste se dominan los pensamientos y acciones. También ayuda a que la vida sea más llevadera. Para tener un juicio objetivo se tiene que adquirir el dominio propio. De éste emana el carácter necesario para la sana convivencia, la benevolencia, la misericordia y el perdón. No solo se debe dominar el pensamiento, sino también la acción de la boca para maldecir. Al maldecir hacemos lo opuesto al dominio propio. Dejamos que el dominio propio, lo cual es un don innato, se convierta en don subjetivo esclavo de la ilusión. Con el dominio propio se tiene el espíritu que cambia la vida pasada a una vida fructífera para controlar aquello que agobia al hombre.

Este don hace que nos vaya mejor en nuestro pasar por la tierra. Ya que, si no dominamos el pensamiento y la lengua, se carece de control de la acción física. El centro de la acción del pensamiento es la lengua. En una situación de ira, miedo o culpa, cuando se reacciona al pensamiento irracional de forma verbal, se opaca el  razonamiento. Cuando se opaca el razonamiento se reacciona mediante el dedo acusador hacia otro. Con la lengua se bendice y se maldice. Es un órgano pequeño del cuerpo, pero con éste reaccionan otros centros cerebrales en el cuerpo. Luego del Pensamiento, si no dominamos la lengua, ambos controlarían la acción en la vida. El dominio propio sirve para allegar la templanza, don necesario para tener poder sobre el pensamiento, la lengua y la acción.

La compulsión, el desorden y la inestabilidad es lo opuesto al dominio propio. Aquellos que tienen ira no controlan el pensamiento, la lengua y la acción. Tienden a reaccionar de forma automática con injuria, ataque y autodestrucción. Así que recomiendo  que  no  discuta  con alguien  que esté

enojado, aun cuando sepas que tú tienes la razón. Esto es uno de las principales motivo por el cual se pierde el dominio propio y la templanza. Parte del fruto del Espíritu Santo es la templanza, don necesario para adquirir dominio propio. El dominio propio fortalece tu espíritu, aumenta la templanza y controla lo que debes o no hacer. Puedes controlar tus finanzas, tú  modo de vivir y tú  carácter para ser un buen administrador de tú  vida. Una vez lo comienzas a adquirir no pienses que ya lo dominas debes de extenderlo hacia toda las fases de la vida. Con éste te perdonas y perdonas. No es para estar aparentando lo que uno no es. La apariencia es el punto crítico del funcionamiento ilusorio. También el punto de comienzo de la destrucción del dominio propio. El Padre Celestial no nos ha dado espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. Por lo tanto, para perdonar lo que necesito es vivir de acuerdo a lo que el Padre Celestial nos dio. Hay que dominarse para mantener encendido el don del dominio propio y la templanza. Con el dominio propio el padre Celestial envía su espíritu para darnos nueva vida. Con esta nueva vida renovamos la faz de la tierra.